EL ENTORNO: JUNIO DE 1944

 

 La guerra submarina debe seguir adelante con los medios de que disponemos. Las pérdidas que no están en relación con los resultados visibles que apreciamos deben ser pasadas por alto, por amargo que ello resulte.” K.T.B del BdU, 1 de Junio de 1944.”

 

  El lector sabe de sobra hasta que punto es grave la situación para los lobos de Dönitz. Aquellos tiempos de leyenda quedaron bastante atrás y, gracias a la casi total ausencia de unidades navales de superficie y el escaso éxito de la Luftwaffe , los u-boote comenzaron una desesperada lucha por su propia supervivencia. Pero esto no es todo. Los aliados llevaban ya tiempo preparando la que se iba a convertir en la mayor operación anfibia de toda la contienda. Al otro lado del canal, una ingente cantidad de elementos entrenados para el desembarco miraba con decisión la orilla opuesta. Su objetivo no serian las playas, ni las ciudades costeras, ni siquiera las situadas hacia el interior. La carrera por Berlín había comenzado. Y Dönitz era plenamente consciente de ello. En su ultima visita a las bases de la bahía de Vizcaya, recordó a sus fieles submarinistas que el fracaso en devolver al enemigo al mar supondría el final de la guerra. “La Fortaleza de Europa debe ser defendida hasta el final.” Dijo Dönitz. Pero no habría misericordia. Ni siquiera las órdenes referidas a la “Operación Canal” impedirian que oleada tras oleada de soldados aliados pusiese pie en las playas francesas. El lector recuerda lo conflictivo de estas ordenes, donde los u-boote estaban llamados a destruir cualquier embarcación enemiga con métodos dejados a la libre interpretación.  Si no nos cree, le invitamos a asistir a la reunion de la 1ª Flotilla, con Herbert A. Werner y otros catorce comandantes mas, donde se comentaría específicamente el “empleo” que debía hacerse de los u-boote, tal y como aparece en las paginas 212 y 213 del excelente “Iron Coffins”.

"Ultimas maniobras: Los aliados ensayan el desembarco. National Archives. Still Picture Branch"

 

 Tropas aereotransportadas, bombardeos por saturación de las playas,  interminables columnas de embarcaciones llevando tanques y bulldozers, y los inevitables soldados de a pie, todo ello fue arrojado a las playas el 6 de Junio de 1944. Los submarinos alemanes no pudieron impedirlo en absoluto. En menos de veinticuatro horas, el BdU recibió casi cincuenta mensajes sobre ataques aéreos sobre los u-boote destinados a la zona. El propio Werner, después de recibir el informe relativo a daños de su ingeniero jefe, decide regresar a la base.  Para mil hombres mas de la U-bootwaffe quedaría reservada la muerte desde ese instante hasta Agosto del mismo año. No nos engaña el razonamiento que Dönitz hace sobre la actuación de los submarinos en la zona de invasión, ni los intentos que hace de justificar la operación. Poco o nada les queda por hacer a los submarinos alemanes. Su momento ha pasado, tal vez.... . Al lector dejamos que extraiga su propia opinión. La U-bootwaffe ha perdido su identidad, ya no hay manadas de lobos ni tonelaje hundido, solo futiles intentos de atraer la atención del enemigo, esperando que los recursos empleados sobre los u-boote ralenticen en lo sumo posible el imparable avance aliado.

"Los objetivos se cumplen: tropas de asalto americanas, llevando equipamiento completo, consolidan las playas. National Archive. Still Picture Branch"

  En medio de estas terribles circunstancias, con una victoria a los lejos para unos y un futuro incierto para otros, es donde encontramos a nuestros protagonistas: el USS Frost, un destructor-escolta  que se siente cómodo con su eficiente trabajo, y una “MILCHKUH”, U-490, última entre las suyas, sin ninguna distinción y una vida operativa muy corta. Quizás convendría recordar al lector la naturaleza de estas naves.